El Dicípulo
Aquel día, nuevamente comenzó a sentirse encerrado en su propio cuerpo, no era su cuerpo de años atrás, este de los últimos años, era limitado en sus movimientos, en algunos casos hasta la dificultad para realizar acciones comunes, como mover hacia arriba un brazo, levantarse del suelo, etc, todo era complicado, dificultoso.
Menk Liu, paso frente a un recinto donde se impartía lecciones de Tai Chi, y otras Artes Marciales.
Desconocía absolutamente el significado de estas palabras, solo las relacionaba con los orígenes de su cultura. El había nacido en la época de la dinastía Ming, en Dhor provincia de Kham al oeste de Tíbet.
Menk Liu, ingresó para conocer cuando podía comenzar. Le pidieron unos datos no se acordaba cuales, ni que persona se los pidió. Creía que fue una mujer. Debido a que no estaba bien de animo y a su timidez, cuando se trataba de ingresar a algún ambiente desconocido para él, contestaba con monosílabos. Tenía la impresión que su persona estaba lejos de lo que ocurría, aunque su cuerpo estaba allí, si encontrase interesante ese ambiente sabía que comenzaría a arrimarse, tiempo mediante, a ese lugar hasta hacerlo parte suya.
Al ver a los otros dicípulos en su primer día de actividad, visualizo crudamente lo limitada que era en su coordinación, flexibilidad etc., mas, mucho mas limitado de lo que se sentía antes de su primera clase.
A la figura del Maestro la percibía como lejana, distinta a los demás dicípulos, y a lo que el conocía; era algo etéreo, suave, armónico…....... no era algo con que comparase, solo una imagen a tratar de imitar en sus movimientos.
Se sentía incomodo y dolido en su orgullo cuando continuamente comparaba sus torpes y bruscos movimientos con los del resto de los discípulos. Pensó que quizás ese tipo de actividad no era para el, se le paso por mente la consideración de no volver.
Fue cuando de entre lo que decía el maestro, sin saber a quien se dirigía (no todo le entendía, quizás por esa característica suya de no estar todavía allí), alcanzó a escucharlo algo como “la referencia no son los demás, solamente uno es la referencia de uno mismo”.
--Desde entonces comenzó a desechar pensamientos parásitos y enfocar sus esfuerzos.
--Ese día El Maestro pasó a ser Su Maestro.
--Desde ese día había comenzado a confiar en esa figura delicada y firme de su Maestro.
Cuando el Dicípulo se ya había compenetrado más con la clase, desde la imagen del Maestro alcanzo a percibir unos ojos profundos, generosos, hermosos, que lo desconcertaron por un instante, pero continuo con el resto de la clase. Aquel día, al fin de la actividad, se fue confundido.
Un día escucho decir a su maestro que se debía practicar en casa; el no entendía que había que practicar, todo era móvil una clase no era igual a otra, no se repetían las secuencias, se sentía desconcertado.
Pasaron semanas, y se acostumbro a esta actividad tan cambiante y móvil, aunque todavía metido en si mismo, comenzó a llagar mas tranquilo a clase sin preocuparse de lo que le depararía cada día.
Cada vez mas relajado, hasta quizás algo distraído y por eso mas perceptivo, cuando en medio de la clase escucho esa voz tan familiar de su Maestro, explicando con palabras impecablemente pronunciadas, con una voz tan femenina que levanto la vista y allí estaban esos ojos profundos, expresivos, bellísimos, …. una boca generosa que cuando sonreía todo se iluminaba , …. unos pantalones amplios que no podían evitar que se insinuaran unas caderas generosas … recibió como un impacto en todo su ser al reconocer que su Maestro era una mujer bellísima y profundamente femenina.………………
continua….